Ser mamá, o no ser mamá...

En medio de mi soledad, me preguntaba cómo sería el hecho de ser madre, tener un bebé para llamarle como yo quisiera, presumir de él... Ana Beatriz, la más hermosa niña que nunca hubiera visto. Cabello de color negro intenso, rizado, piel blanca como la nieve, una gran sonrisa, grandes ojos verdes - la niña más tranquila. Había pasado apenas unos pocos meses de mi segundo año de matrimonio y el pensamiento de tener un bebé no se había disipado.

Mi papá me había aconsejado que no tuviera hijos durante los primeros años de casada. Mi esposo estaba completamente de acuerdo con él. Yo era tentada en medio de mi soledad con el pensamiento de “que pasaría si..." Todos los días este pensamiento venía a mi mente, le pedía a mi esposo que lo meditara y pasaba el día observando cada niño que se cruzaba conmigo de camino a la iglesia, en el supermercado, la tintorería, en el paso de cebra.

Llegó a un punto que empecé a simular que estaba embarazada. Tenía especial cuidado con la manera en la que me sentaba y me acariciaba mi barriga como suelen hacer las madres embarazadas.

Estaba siendo egoísta. Yo quería un hijo para mí. Quería un bebé para completar mi soledad. Quería un bebé para presumir de él. Mi marido me quería a su lado, pensando en tener hijos espirituales. Pensé en estar más cerca de él para tener un hijo.

No estaba logrando que él estuviera de acuerdo conmigo, así que decidí usar mi fe. Hice un voto con Dios para que Él cambiara el corazón de mi esposo, no obstante, que su voluntad fuera hecha en mi vida (la última parte fue más una pequeña oración). Pero Dios siempre lee la letra pequeña. En el transcurso de un mes de ese voto, yo perdí todo mi deseo de tener hijos propios. Mi fe se renovó de manera espectacular y empecé a ver a las personas de la iglesia como mis hijos espirituales. Nos convertimos en verdaderos padres...

A veces le pedimos a Dios cosas que sabemos que no son buenas para nosotras. Si dejamos que se haga su voluntad en nuestras vidas, tendremos lo que siempre quisimos (y que ni siquiera sabíamos).

En la fe,
Cristiane Cardoso
www.cristianecardoso.com

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
   
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